Mantenimiento de campos
Tecnifuego – La electrificación de los campos de golf pone la alerta en los nuevos riesgos de incendio

9 Abril 2026 – El incendio registrado hace unas semanas en el Real Club de Golf Guadalmina (Málaga), que arrasó una nave de buggies y afectó a cerca de un centenar de vehículos, ha situado en primer plano un riesgo emergente en los campos de golf: el derivado de su creciente electrificación.
En los últimos años, estas instalaciones han incorporado de forma progresiva vehículos eléctricos (principalmente buggies y carritos) hasta convertirlos en un elemento esencial de su operativa diaria. Esta transición, alineada con criterios de sostenibilidad, también está generando nuevos escenarios de riesgo en materia de incendios, especialmente en las zonas de carga, almacenamiento y estacionamiento.
Desde la Asociación Española de Sociedades de Protección contra Incendios (Tecnifuego) se advierte que uno de los factores más críticos reside en las baterías. Un impacto o daño previo puede provocar un incendio horas después, incluso sin una causa aparente inmediata. A ello se suman otros elementos sensibles, como las conexiones eléctricas, que pueden convertirse en puntos de fallo si no están correctamente instaladas o mantenidas, especialmente durante las cargas nocturnas sin supervisión.
“Estamos ante un escenario que hace unos años no era habitual y que ahora empieza a repetirse. La electrificación avanza y la seguridad debe evolucionar al mismo ritmo”, señala Antonio Tortosa, presidente de Tecnifuego.
Zonas de carga, el punto crítico
El riesgo aumenta cuando los vehículos se concentran en espacios reducidos. En muchos campos, decenas de buggies se agrupan en áreas cerradas o semicerradas, con múltiples puntos de recarga activos y escasa separación entre unidades. En este entorno, un fallo en una batería puede desencadenar un incendio de rápida propagación.
La proximidad entre vehículos favorece la transmisión del fuego y fenómenos como la fuga térmica complican su control y extinción. Estos incendios presentan una elevada carga térmica y resultan difíciles de sofocar con medios convencionales, por lo que un incidente puntual puede escalar en cuestión de minutos.
A diferencia de otros sectores, como aparcamientos de vehículos eléctricos o instalaciones industriales, donde estos riesgos llevan tiempo analizándose, en los campos de golf estas áreas han tenido tradicionalmente un papel secundario, pese a concentrar una parte relevante del riesgo y ser clave para la continuidad del negocio.
Los expertos de Tecnifuego subrayan que la adopción de medidas preventivas puede marcar la diferencia. Entre ellas destacan la detección temprana conectada a una central receptora de incendios, una ventilación adecuada en las zonas de carga o una mayor separación entre vehículos. Además, comienzan a implementarse soluciones específicas como mantas ignífugas para vehículos eléctricos, diseñadas para contener el fuego en su fase inicial y evitar su propagación.
La presencia de baterías eléctricas introduce también nuevas dificultades para los servicios de emergencia, alargando los tiempos de intervención y requiriendo estrategias específicas. Por ello, se recomienda que los bomberos conozcan previamente la ubicación y características de estas zonas, lo que puede facilitar una respuesta más rápida y eficaz.
La necesidad de un análisis de riesgos específico
El caso del RCG Guadalmina no es aislado, sino un indicio de la evolución de estos riesgos. En los últimos años se han registrado incidentes similares en campos de golf en España, incluso en instalaciones que habían superado las inspecciones reglamentarias, lo que pone de manifiesto que el cumplimiento normativo no siempre es suficiente.
“Cumplir con la normativa es imprescindible, pero en determinados casos resulta insuficiente si no se basa en un análisis de riesgos adaptado a la realidad de la instalación y desarrollado por una ingeniería especializada en protección contra incendios”, explica Antonio Tortosa.
Aunque este tipo de incidentes sigue siendo poco frecuente, el avance de la electrificación obliga al sector a revisar el diseño y la gestión de sus instalaciones para anticiparse a nuevos escenarios de riesgo.