La primera referencia documentada a Masia Notari data de 1452, aunque sus orígenes parecen remontarse aún más atrás, hacia 1545, fecha en la que se sitúa la construcción de la estructura original.
Durante siglos, la masía estuvo en manos de la familia Alegret, que la habitó y preservó a lo largo de generaciones. A finales del siglo XVIII, su última heredera, Magdalena Alegret, impulsó una importante restauración que es en gran parte la que define la imagen actual de la Masia.
Magdalena estaba casada con el notario Josep Anton Martí, una unión que dio origen al nombre de Masia Notari, denominación que ha perdurado hasta nuestros días y que incluso se extendió a todo el sector del municipio y a parte de los terrenos originales, aún hoy conocidos con este nombre.
A finales del siglo XIX, el reconocido pintor Jaume Ferrer i Mascaró adquirió la Masia, convirtiéndola en su residencia y taller artístico, aportando así una nueva dimensión cultural a su larga y rica historia.

