Las quillas son uno de los elementos más determinantes en el comportamiento de una tabla de surf. Aunque a menudo pasan desapercibidas para quienes se inician, su tamaño, forma y configuración influyen directamente en la estabilidad, la maniobrabilidad y el control sobre la ola.
El tamaño de las quillas afecta principalmente a la sujeción. Quillas más grandes ofrecen mayor agarre y estabilidad, lo que resulta útil en olas potentes o para surfistas que buscan control. En cambio, quillas más pequeñas permiten giros más rápidos y una sensación de mayor libertad, aunque sacrifican algo de estabilidad.
La forma también es clave. Las quillas con mayor superficie y base proporcionan empuje y control en líneas largas. Las más estilizadas, con menos base, facilitan maniobras cerradas y cambios rápidos de dirección. No existe una opción universal: la elección depende del estilo del surfista, del tipo de ola y del nivel de experiencia.
Otro aspecto relevante es la configuración. El sistema thruster (tres quillas) es el más común por su equilibrio entre control y maniobrabilidad. Las configuraciones twin fin ofrecen una sensación más suelta y fluida, mientras que las quad aportan velocidad y agarre en secciones rápidas de la ola.
Para surfistas principiantes, lo más recomendable es optar por configuraciones estables y versátiles, que faciliten el aprendizaje y reduzcan errores. A medida que se gana experiencia, experimentar con diferentes quillas permite afinar sensaciones y adaptar el surf a distintos contextos.
Entender cómo influyen las quillas no es una cuestión técnica aislada, sino parte de un aprendizaje más amplio: conocer el material, el mar y el propio cuerpo. El surf no consiste solo en deslizarse sobre una ola, sino en comprender el equilibrio entre todos los elementos que lo hacen posible.
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